Friday, March 28, 2008

Sin lucha

Yo vivo en un pueblo que no coge lucha.

Alguien viene de visita a la casa de al lado y deja parado su camión bloqueando la calle. Nadie puede pasar porque con las lomas de nieve solo hay espacio para un carro.
Los otros que vienen a pasar y se ven bloqueados, se paran pacientemente y esperan. No tocan el claxon ni sacan la cabeza por la ventanilla ni gritan “Maricón, quita esa bartabia de ahí!” Simplemente esperan a que el dueño del camión salga sonriendo, mueva un poco el carro y haga una señal amable indicando que ya se puede pasar.

Una mujer llega a la caja del mercado, saca su monedero y empieza a buscar kilo a kilo, para completar el monto exacto de la factura. Ciento veintiséis dólares con ochenta y siete centavos. Toma cada moneda en la punta de los dedos y la vira de un costado y del otro con cara de duda, como si fuera la primera vez que ve una peseta. Deja de contar cuando llega a ciento quince cuarenta y cuatro. La cola detrás de ella crece rápido como el marabú. Saca la tarjeta de crédito y se la da a la muchacha de la caja. Los de atrás miran las revistas, conversan con los vecinos, aprovechan para llamar a alguien por teléfono. Nadie se encabrona. Simplemente esperan. Calmados. Tranquilos. Civilizados. Cuando ya está a punto de terminar de pagar los puñeteros mandados, se acuerda que tiene unos bonos de rebaja en los flyers. Y allá va de nuevo a sacar de otro compartimiento del monedero los cuponcitos para ahorrarse setenta y cinco centavos. Y todo el mundo espera sin coger lucha. Sin recondenarse. La musiquita suave ayuda a soportar la espera.

La guagua escolar que va delante de mi saca las orejas de “Pare” y comienza a clignotear las luces. Del último asiento se levanta lentamente un muchachón grande como un hipopótamo. Recoge su mochila y se la coloca en la espalda sin prisa. Luego da un beso apasionado a la gordita que tiene al lado y comienza a avanzar por el pasillo evitando los manotazos que le propinan sus amigotes. Finalmente llega a la puerta y desciende lenta y ceremoniosamente con una sonrisa de oreja a oreja. Desde la acera se vira a decir adiós con la mano a sus compañeros. La guagua recoge lentamente las orejas, apaga las luces y arranca. Solo entonces las dos hileras de carros comienzan a moverse. Nadie coge lucha. Esto es Québec.

De que estarán hechos los quebecos?

10 comments:

Yvette said...

Que maravilla...

GeNeRaCiOn AsErE said...

Sobre el exceso de calma chicha, o la escases de griteria, yo les diria como dice aquella cancion de habana abierta,
MAREA, pero me encanta.

saludos,
maylin.

Aguaya Berlín said...

no tienen ni un átomo de cubanos... Ni nosotros de canadienses, cosa que también es una lástima...

Saludos desde Berlín!

Yo soy Medea said...

De que estaremos hecho nosotros que vivimos en un desespero y ansiedad constante?... ah! mucho me temo que sea algo mas de lo tanto que le debemos agradecer al "proceso historico" que nos toco vivir. Y digo esto porque mis abuelos por ejemplo no padecian esta carga de 440 que nos acompanna a muchos a todas partes.

Yo tengo un amigo que dice que es que el no tiene ni gota de sangre anglosajona en sus venas, bueno, al menos es una buena excusa.

Anonymous said...

Estimado Agodar:
He visto sus comentarios en Kaos en la red. Yo he escrito para ese sitio al menos 5 articulos, muy esporadicamente porque no tengo tiempo. Coincido con usted que Celia Hart es extremadamente incoherente en sus ensayos; por no hablar de sus pifias gramaticales, que no son pocas.
Saludos Diego Venegas

El Yénica said...

Un regreso al caldero isleño después de una temporada en congelación es como el golpe térmico que te da en la cara al salir del avión, extendido a todos los sentidos.Lo único que puedes controlar es el volumen del televisor de tu casa,en lo demás no queda otra que montarte en el rio y al cabo de unos días comenzar a cantar,...hace calor en la Habana mi hermana cuéntame de Quebec.

Güicho said...

"De que estarán hechos los quebecos?"

Al,
coño, eso es sabido, compadre.

De las casi 1000 hijas del rey Luis como 500 eran medio mongas.

Me explico:
Los quebecos son, esencialmente, descendientes de las filles du roi. Esas fueron 900 y pico mujeres que envió Luis XIV a Canadá con cien libras de dote cada una para que se casaran con los colonos franceses, que por entonces se debatían entre las pajas y las indias algokinas (las pajas iban ganando.) El bienintencionado rey Luis tuvo que surtirse en orfanatos, asilos y sanatorios. Y además de campesinas lerdas, o sea, católicas crónicas, pues había prohibido el protestantismo en Nueva Francia (Quebec). En aquella época tener seso en Francia y ser hugonote era la misma cosa.

Jinetero… ¿y qué? said...

Pues ese material especial debe ser usado sólo en Quebec.
Aquí la cajera habría degollado a la viejita, sin contar que por ley se puede dar sólo un máximo de veinte monedas. A la 21 la cajera pasa la página y te deja con la palabra en la boca.
Al del camión le habrían llamado a la grua y así sucesivamente.

GaviotaZalas said...

puedo ir a vivir para allá??? Me construyo un iglú..glú. glu...

CubanInLondon said...

Que te puedo decri yo, querido Al, si vivo en Gran Bretan-a, los inventores de la parsimonia, la flema y la bemba de arriba tiesa 9stiff upper lip)?

Saludos desde Londres.