Monday, November 26, 2007

Salvador

Salvador era piloto del Ejercito Rebelde.

Un día cuando regresaba de la Unidad Militar de Columbia, se encontró en la guagua con Carmita. Lindísima, muy atractiva y con apenas 16 años, la chiquilla estaba enamorada de Salvador como una perrita. El, con el doble de su edad y a punto de casarse con Verónica Espinoza, no pudo resistir la satería de la muchachita y se puso a conversar con ella. Se bajaron en el parque de Coyula y les dio la noche romanceando. Al día siguiente volvieron a encontrarse y a los pocos días ya eran el comentario del barrio entero. Ambos fueron advertidos que lo que estaban haciendo era una locura, pero de nada sirvió. Raulito (cuatro ojos, si te agachas te lo cojo), el hermano de Carmita, rabiaba de impotencia ante la cabeza hueca de su hermana y el descaro de Salvador.

A nadie le sorprendió que cuando Carmita se despertó de su guanajería el día de la boda, le diera una crisis de nervios y que tratara de suicidarse. Se tomó un pomo de Lipochol, pero como es de esperar, eso solo le provocó un poco de dolor de barriga y unas canaleras benignas. A Raulito, si le dio un poco más fuerte. Le fue arriba a Salvador y le tiró un pescozón, que si bien no le llegó ni siquiera cerca de la cara al piloto, sirvió para encabronarlos a los dos y se dijeron hasta alma mía. En verdad Salvador no quiso darle al muchacho. Hubiera sido un abuso y el piloto no era un abusador. Una cosa era templarse a la chiquilla, porque ella se lo había buscado, pero a Raulito no podía darle. No obstante, si lo maltrató un poco de palabra y Raulito pasó realmente un mal rato delante de todo el barrio. Por eso todo el mundo pensó que había sido Raulito el que lo echó pa’lante. Pero yo se que no. Raulito era un alardoso, pero no era chivato. Fue Carmita misma quien lo jodió. Parece que en un arranque de comemierdería, a Salvador se le fue la lengua en uno de esos calentones y le dijo a la chiquilla, para dárselas de machísimo, que él se iba a llevar un avión. Y ella lo cazó. Tan pronto la Verónica se fue para los Estados Unidos con el padre, Carmita se dio cuenta que el iba a irse también. Se puso a seguirlo y cuando lo vio que empezó a cancanear, lo echó pa’lante.

Lo cogieron mansito y le echaron 20 años.

Por gil.

6 comments:

Güicho said...

Bien narrada minitragedia post 59.

Ese es de los chivatazos lógicos. Los de hijos a padres son los peores. Y los hubo. Por mi casa ocurrió un caso de chivatazo de yerno a suegros, que da para un cuento incluso.

culibre said...

Eso sigue pasando todavia con menos concecuencias, bueno, segun el caso pero hay muchos
"muerticos" solo por un "deo" en los primeros anos de la "involucion"

St. Jose said...

Mi madre!
Oye Güicho tiene razón, está muy bien narrada. Y lo peor (o lo mejor para la literatura) es que los casos abundan. Pero el precio es muy alto: la literatura tiene que buscar su inspiración en otros lados, que nos coja tanto tiempo a los cubanos.

¡Saludos!

Medea said...

le paso por " viejo verde"...!!!!

CubanInLondon said...

¡Qué bien narrada la historia! ¡Le pasó por comején!

CubanInLondon said...

Disculpa que la pifia fue mia. Quise decir "camajan".