Tuesday, November 6, 2007

Los Reyes.

Se levantó y fue a buscar sus regalos. Hacía solo unos días que se habían mudado a esta casa y no sabía donde podían haberle dejado los juguetes. Miró debajo de la cama, detrás del escaparate, debajo de la mesa y en el baño. No encontró nada. Fue a la cocina. No había mucho donde buscar porque apenas había espacio para una persona, pero tampoco encontró nada. Sintió una sensación extraña en la garganta. Ganas de llorar. Ya él no lloraba desde hacia algún tiempo. Los hombres no lloran le decían y ya él tenía ocho años. Pero no entendía que había pasado. El estaba seguro de haber puesto la carta dentro de los zapatos, y estos bien puestos debajo de la cama. Fue a comprobarlo. Allí estaba la carta. La sensación en la garganta era más intensa. Miró al techo y tragó con dificultad. No había nada que tragar. Respiró profundo como su padre le había dicho que uno hacía para no llorar. A su padre no le gustaba verlo llorando. Cuando se sintió más seguro, salió al balcón. Allá abajo, una docena de niños jugaba con sus juguetes nuevos. Camiones, pistolas, trompos, uno con una máscara del Zorro, otro con una bicicleta. Hubiera querido bajar a jugar con ellos, pero sin juguetes no podía. ¿Qué iba a decir cuando le preguntaran qué le habían traído los Reyes? No podría decir nada. De nuevo la sensación en la garganta. Volvió a mirar hacia arriba y a tragar. Cuando bajó la vista de nuevo vio que su mamá venía entrando por el pasillo. Ella le ayudaría a entenderlo todo como hacía siempre. Pero ella subió la escalera y pasó a su lado sin decir nada. La siguió hasta la cocina y le dijo “No me trajeron nada y yo me porté bien”. En seguida se dio cuenta que no era el buen momento para hablarle, porque ella estaba llorando, pero ya era tarde. Ella lo abrazó y lo besó ahogando las lágrimas. El lo comprendió todo claro: A su madre tampoco le habían traído nada. Como habían acabado de mudarse, los Reyes no sabían aún la nueva dirección.

“No llores Mami. El año que viene van a traernos muchas cosas”

7 comments:

garrincha said...

coño, qué bueno ha quedado eso.
a mí me ha gustado con cojones.
feliz blog, cubano.
un abrazo.

g

Medea said...

Pues a mi me ha dado un saudade... pobre madre...

Güicho said...

También me gustó. El giro final tuvo su efecto.

Yvette said...

Creo que todos en algun momento nos hemos sentido asi...
A fin de cuentas tambien es bueno que los niños sepan que no siempre se puede.
Bonito tu escrito!

culibre said...

Muy bueno el tema, mueve fibras y pone a temblar los lagrimales, mas si muchos nos identificamos con el nino o peor con la madre, dichosos los que cogieron la epoca del basico,no basico y dirigido ya que despues era al "pedido" del otro lado del charco, el que tubiera esa dicha, yo resolvi mi problema con 4 tablas,una valvula vieja de auto, 4 cajas de bolas y un pedaso de soga (chivichana)y como la amaba,la cuidaba mas que a mi hermana, "llevate a mi hermanita, pero la chivichana ni la mires!! jajaja Cuidensen y suerte

General Electric said...

sí que está muy conmovedor ese final... y hay algo que parece no estar contado en la historia que lo deja a uno pensando

lola said...

Muy bueno el relato, además has dejado un final un poco abierto, así que cada cual que saque su propia conclusión. Saludos!!