Thursday, April 3, 2008

El abuelo

Estábamos haciendo el censo de población y vivienda del 1970 en una zona bastante remota de la Sierra Maestra. Nos habían llevado en Jeep hasta un caserío al sur de Campechuela, donde terminaba la carretera. Luego nos dividimos. Yo iba con un muchacho de Media Luna que conocía bien la zona y logramos terminar antes del mediodía todas las casas que teníamos en la lista. Cuando ya estábamos a punto de regresar, alguien preguntó si no íbamos a ir a censar a los Vázquez. Seguimos subiendo. Más allá de los Vázquez vivían los Guerra y luego los Matos. Allí nos dijeron que otro poco más arriba había más gente. No sabíamos cuanto tiempo nos llevaría llegar hasta allá, pero no había alternativa. No había ni siquiera un trillo. Subíamos a cuatro patas entre la hierba y los arbustos. Luego llegamos a un llano con un bosquecito bastante intrincado. Un poco mas adelante salimos a un claro y vimos a lo lejos un bohío. Un perro canelo vino a recibirnos ladrando y moviendo el rabo. Otros dos perros se quedaron un poco más atrás, luego dos niños como de 6 u 8 años y una niña que bien podía estar rondando los 12 o trece, todos desnudos. En la puerta del bohío había tres mujeres con niños en los brazos y más niños colgados de las sayas descoloridas y rotas. Adentro había una vieja sentada en un taburete y un viejo blanco en canas tirado en una cama que más parecía una hamaca. Hablaban muy rápido y no comprendíamos la mitad de las palabras que decían. Fuimos preguntando los nombres, edades, nombre del padre y de la madre, etc. La mayoría de las veces no sabían la fecha de nacimiento. Confundían los nombres de los niños. El Nene, no estaban seguros si se llamaba José o Julio. No sabían quien era el padre de Sebastián ni de Justo. Sin embargo, todos sabían que el padre de Rosita era su bisabuelo, el viejo que estaba tirado en la cama. Como yo no entendía, pregunté quien era la madre. Salió una chiquilla flacucha de apenas quince años con una barriga de ocho meses.

-Si. -Respondió con seguridad. -El padre es abuelo.

Como yo aún no quería creerlo, la chiquilla se encogió de hombros y fue a echarse con el viejo en la cama, espantando un enjambre de moscas. Desde allí preguntó desafiante y con voz resignada.

-¿Quien va a decirle que no al abuelo?

11 comments:

lola said...

Hola, lamentablemente estas historias son mucho más frecuentes de lo que uno pueda imaginarse.
Un saludo,

Yo soy Medea said...

al menos tenian un apellido...los Vasquez... y por lo que cuentas el abuelo era el unico hombre por esa zona... que sera de esos ninno hoy?

Güicho said...

Aquello era el patriarcado cubano en su expresión minimalista y remota.

La expresión máxima y central fue Fidel Castro, quien, de una forma u otra, se la clavó a casi todos cubanos, a las madres y a los padres.

Aguaya Berlín said...

Oyeee, qué historia! Y con una vigencia impresionante: quién le dice "al abuelo" que no puede seguir escribiendo las cosas que escribe en su blog del órgano oficial?? A ponerle el cascabel al gato!

Saludos desde Berlín!

Eufrates del Valle said...

Wow! Que historia! Y para ponerle el cascabel al gato, el comentario del Guicho. Guicho: y al que no se la clavo se la castro.

Tremenda historia, Al! Saludos!

Joaquin Estrada-Montalvan said...

Algodar, tremenda historia, me parce estar viendo la escena cuando leo tu post. esa es tambien parte de la realidad del campo cubano.

Hay una historia parecida de incesto con unos decendientes de Tainos por Guantanamo , los Rojas creo que es el apellido de una de las familias, que fueron diseminadas a la fuera como forma de "resolver" el asunto.

Eso de quien dice que no al abuelo, me recordo la cancion de Pedro Luis Ferrer. el abuelo Paco

No olvide que abuelo tiene
un revólver y un cuchillo;
y mientras no se lo quiten
abuelo ofrece peligro.

Aunque sepas que no
dile que sí;
si lo contradices,
peor para ti.

saludos

Adriana Lara said...

se me puso la piel de gallina, te juro.

GeNeRaCiOn AsErE said...

Mi suegra trabajó como Doctora muchos anos por las zonas montañosas y siempre nos hace historias de casos como esos. Al parecer eran muy comunes. Me cuadró aquello de:
¿Quién va a decirle que no al abuelo? Me recuerda a ese otro abuelo histórico y metedor de pies, que muy bien conocemos...
Saludos, G.A.

Al Godar said...

Aqui hay un tema que hemos tocado de refilón, pero creo que merece un tratamiento mas directo: La alfabetización. Siempre me parecieron muy exageradas las cifras de alfabetización, sobre todo después que yo mismo vi tantos analfabetos por donde quiera. A ver quien se embuya...
Gracias por la visita y los comentarios.
Saludos,
Al Godar

Laz said...

Impresionante testimonio Al y muy bien escrito por cierto. En La Lisa hay un caso celebre para los poblanos de alli. En 51 pasando el Fruticuba hay un viejo que hacia lo mismo con sus hijas. El viejo plasticaba carnets y los hijos-nietos todos [recuerdo bien a dos ahora, una hembra y un varon] eran anormales. Enlazo el post Al.

CubanInLondon said...

Que clase de historia compadre! Estoy en Malasia y son casi las doce de la noche, pero me meti hoy para ver como andaban las cosas y me encuentro con el relajito esto de abuelo con nietas!:-)

Saludos desde Malasia.