Friday, September 7, 2007

Uno.

Uno empezó chiquitico y no entendía nada. Creo que era el 58. Oía que había una guerra y que habían secuestrado a Fangio. Que Batista era un hijeputa, pero que era el hombre fuerte y que tenía controlado a los barbudos. Un día en la escuela la maestra dijo que había que hacer un dibujo libre y uno pintó una flor y una bandera y escribió con letra insegura “Viva Cuba Libre”. Al final de la clase la maestra dijo que el dibujo estaba bonito, pero que los niños no debían meterse en política y que si Fidel se enteraba, uno podía tener problemas. Unos meses más tarde lo dijeron por el radio. Batista se fue pal carajo y ahora el que manda es Fidel.

Uno estaba marchando un día en un parqueo de Columbia. El venía en una máquina grande de color rojo vino, con unos picos grandes en la parte de atrás. Un colepato. Otros dos colepatos le seguían de cerquita. Y uno le dio la mano como todos los otros niños. Era Fidel. El sonreía con los dientes picados. Preguntó que como estábamos y dijo que teníamos que ser buenos revolucionarios y subir los cinco picos. Preguntó que quienes eran Jóvenes Rebeldes. Unos cuantos si, otros no. Uno dijo “A mi no me deja mi mamá”. El dijo que los revolucionarios se deben a la Revolución y que si los padres no quieren, uno tiene que hacer valer sus principios y acudir al llamado de la Revolución.

Uno preguntó a su mamá que cosa son “sus principios” y ella dijo que portarse bien y hacer caso a su mamá. Y uno quedó todo confundido. ¿Como iba uno a acudir al llamado de la Revolución si su madre de uno le decía que no podía irse a subir los cinco picos?

Por fin uno convenció a su mamá de que todos los otros niños eran Jóvenes Rebeldes y ella accedió. Uno se apuntó en los Jóvenes Rebeldes con 9 años. Y siguió marcha que te marcha hasta que escogieron a los más grandes para subir los cinco picos. Y allá se fueron para El Escambray. Entonces uno se quedó atrás porque había que tener al menos 11 años y decir que uno tenía 12. Y uno siguió marchando. Uno, dos, tres, cuatro. Comiendo mierda y rompiendo zapatos.

6 comments:

lola said...

Cuando yo tenía 10 años y terminé la primaria, al matricularme en la secundaria, me preguntaron si iba a ir a recoger café, mi madre, que contestó por mi dijo que no. A la pregunta un tanto impertinente por parte de una muchacha de las juventudes ¿y por qué no va ? (el tonito en que lo dijo fue lo que sacó a mi madre de quicio) le contestó: porque ella es menor de edad y yo decido si va o no, y no quiero que vaya, es una niña, no se que pinta recogiendo café en Oriente. Así que me pasé el verano en casa, que es lo que tiene que hacer una niña de 10 años, ya vendrían tiempos peores en los que sería más difícil escabullirse de la famosa escuela al campo.

Elyoyo said...

cubayBueno, pues yo corté más caña que una combinada y total pa´ qué... Al final te das cuenta que has estado como dice este Post: Comiendo mierda y rompiendo zapatos.
Me gustó este post.

General Electric said...

Te debía una visita hace ratico, Algodar. Veo que eres otro caballero memorioso. Gracias por escribirlas y guardárnosla en esta caja china de la blogosfera... Esas memorias son de las pocas cosas que nos van quedando... que no se nos vayan por el tragante del olvido

un abrazo

Al Godar said...

Yoyo, No he visto ningún post sobre las peripecias de los campos de caña y creo que es un tema muy interesante.
Si conoces alguno, te agradecería la referencia.
Saludos,

Al Godar said...

Gerald,
Si supieras que yo estoy perdiendo la memoria...
Claro, se que eso nos pasa a todos.
Yo habia empezado hace rato a escribir mis cosas, sabiendo que con el tiempo todo se borra. Lamentablemente, hay que editar mucho antes de sacarlas al aire libre.
Es mi intencion presentar todas esas cosas por aqui tan pronto pueda.
Gracias por tu visita...
Saludos

Anonymous said...

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