Hoy fuimos al Monte St-Bruno. Es una lomita de unos doscientos metros de altura que se encuentra a unos 20 km al este de Montreal. Como las otras colinas Monteregianas regadas entre los montes Apalaches y los Laurentianos, contrasta fuertemente contra las llanuras del valle del río San Lorenzo. Llama la atención que Monte St-Bruno alberga cinco lagos que ocupan casi la mitad de la superficie de la loma. A diferencia de otras lomas más al este, su origen no es volcánico sino que debe su origen a la erosión glaciar.
Como los lagos se encuentran tan altos, el agua se infiltra y riega las laderas que se encuentran cubiertas de una exuberante vegetación y una fauna abundante que incluye venados, castores, ardillas, marmotas, aves y muchísimos turistas.
Para atender a estos últimos y recaudar los ingresos provenientes de las entradas al parque, el gobierno a organizado un centro de servicios, una de cuyas principales funciones es obligarnos a dejar los autos en el parqueo y subir cuesta arriba para que hagamos ejercicio. No hay nada que enorgullezca más al gobierno de Québec, que poder ostentar una población físicamente apta y visualmente diferente de los barrigones americanos.
Por eso tuvimos que subir la loma caminando. Seis kilómetros. Y para ponerle la tapa al pomo, no tiene ni una puñetera cafetería allá arriba. Eso nos obligó a llevar una jabita con jugos y refrescos. Y la cámara fotográfica, que aunque no la exigen, es de todas formas obligatoria.
Eso nos sirvió para documentar que había infinidad de hongos de colores, un venado, una ardilla, un ciempiés y un pescado como de cuatro pulgadas en el Lago del Molino.
Aquí dejo constancia:




