Friday, July 24, 2009

La sopa.


Luisa puso una silla en el pasillo que separaba su casa de la de la vecina, se encaramó en la silla y llamó discretamente por encima del muro. Cuando apareció la vieja, le preguntó si podía prestarle algo que cocinar. La vieja hizo una mueca de duda y fue a ver. Regresó unos minutos después con un cartuchito de papel.
-Es un puñado de fideos.- Dijo la vieja.- No tengo nada más.
-¡Ay gracias Esperanza. Que Dios te lo pague! Se lo devuelvo tan pronto coja los mandados la semana que viene.
Y regresó contenta a preparar la sopa. Echó los fideos con un poco de agua en una caldera de hierro, la puso en el fogón de luz brillante y le echó un puñado de sal. En la otra hornilla puso un sartén con una cucharada de manteca requemada que había sacado de una lata que guardaba en el refrigerador. Mientras se calentaba el sartén, picó un pedazo de cebolla y un ají cachucha y lo puso a sofreír.
El olor del sofrito trajo a Rafaelito con una toalla amarrada al cuello imitando a Superman.
-Mamá, ¿Ya está la comida?
- Unos minutos.- Dijo Luisa y puso en la mesa un par de platos de esmalte descascarados.-Ve a lavarte las manos.
Echó el sofrito en la caldera donde hervían los fideos y le pudo un poquito de bijol para darle color.
Al niño le brillaban los ojos mientras la madre servía la sopa, pero apenas la probó hizo una mueca de desagrado y empujó el plato con desgano.
-No me gusta, Mamá! Dame eso que olía tan rico...
Y a Luisa se le escaparon las lágrimas y se desplomó llorando sobre la mesa.